La unidad infantil aborda sueño infantil (insomnio, despertares, parasomnias), trastornos respiratorios del sueño, trastornos del neurodesarrollo, epilepsia, dificultades de aprendizaje y conducta. Se valora al niño de forma integral: hábitos de descanso, higiene del sueño, respiración nocturna, crecimiento y entorno familiar/escolar. Con esa información se define un plan individualizado que puede incluir educación para familias, estudio de sueño, tratamiento médico o coordinación con otros especialistas para favorecer el desarrollo global.
Se recomienda valorar un estudio cuando hay ronquido habitual, pausas respiratorias observadas, sueño muy inquieto, parasomnias complejas, somnolencia diurna llamativa, enuresis persistente o sospecha de epilepsia nocturna. También si el rendimiento escolar o el comportamiento empeoran sin causa aparente. Según la edad y los síntomas, puede indicarse un estudio domiciliario o en laboratorio para registrar respiración, oxigenación y arquitectura del sueño y así orientar el tratamiento más adecuado.
El ronquido ocasional durante un resfriado es frecuente, pero si es constante, ruidoso o se acompaña de pausas, respiración por la boca, sudoración o posturas extrañas, conviene una valoración. La causa más habitual es la hipertrofia adenoamigdalar, aunque existen otros factores como alergias u obesidad. Diagnosticar a tiempo evita efectos en crecimiento, conducta y aprendizaje. El tratamiento varía desde medidas médicas y de higiene del sueño hasta cirugía ORL en casos seleccionados.
La base es educativa y conductual: establecer rutinas predecibles, horarios regulares, controlar siestas y pantallas, y reforzar la asociación cama‑sueño. Se trabajan técnicas de extinción gradual o controlada según la edad, así como estrategias para reducir ansiedad nocturna. La medicación se reserva para situaciones concretas y por tiempos limitados. Si hay comorbilidades (TDAH, TEA, epilepsia), se adaptan las pautas y, si procede, se coordina con neuropediatría y psicología para un abordaje completo.
Debes consultar si observas regresión del desarrollo, convulsiones, pérdida de habilidades, cefaleas intensas o persistentes, caídas frecuentes, cambios llamativos de conducta, o si los problemas de sueño afectan al rendimiento escolar o al crecimiento. En la consulta se explora el desarrollo neurológico, se revisan hábitos de sueño y se decide si precisan pruebas complementarias. El objetivo es descartar causas orgánicas y diseñar un plan claro y comprensible para la familia.
