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Centro Integral de Sueño y Neurociencias

Síndrome de Piernas Inquietas

El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es una enfermedad neurológica con impacto profundo en el sueño, la calidad de vida y el funcionamiento diurno. Se caracteriza por la presencia de sensaciones anómalas en las extremidades inferiores que se intensifican en reposo y se alivian de forma transitoria con el movimiento. Aunque su causa subyacente no se conoce con absoluta precisión, su prevalencia y consecuencias hacen que sea uno de los trastornos del sueño más relevantes y, simultáneamente, más infradiagnosticados.

Definición clínica y características esenciales

El SPI es un trastorno de tipo sensorio-motor que se define por una necesidad casi irresistible de mover las piernas, que suele ir acompañada de sensaciones desagradables en ellas. Estos síntomas aparecen o se agravan durante el reposo o al estar sentado o acostado y mejoran temporalmente con la actividad física o el movimiento. Esta relación con la posición corporal y la actividad distingue al SPI de otros problemas musculoesqueléticos o circulatorios que también pueden causar molestias en las extremidades

En términos clínicos, el SPI sigue un patrón circadiano: los síntomas empeoran a medida que avanza la tarde y, de forma más marcada, durante la noche, momento en el que interfieren directamente con la iniciación y mantenimiento del sueño. Esa variabilidad diaria es un rasgo definitorio del trastorno y está estrechamente vinculado con los ritmos biológicos que regulan el sueño.

Epidemiología y factores de riesgo

Aunque los criterios diagnósticos y las metodologías de estudio varían, se estima que entre el 2,5% y el 15% de la población general puede presentar SPI, con una mayor prevalencia en mujeres y en personas de edad media y avanzada. Asimismo, una componente genética significativa ha sido descrita, con heredabilidad de hasta el 50% en algunos estudios, lo que explica la frecuencia de antecedentes familiares positivos en los pacientes.

Además de la predisposición genética, se han identificado varios factores que favorecen o agravan la sintomatología, entre ellos:

  • Deficiencia de hierro, tanto sistémica como, más específicamente, cerebral. El hierro es un cofactor esencial para la síntesis de dopamina, un neurotransmisor clave en el control del movimiento y la regulación del sueño.

  • Enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia renal, anemia y neuropatías

  • Factores hormonales y fisiológicos, como el embarazo

  • Estilo de vida y sustancias como el alcohol, la cafeína y el tabaco también pueden agravar los síntomas, en especial si se consumen por la noche

Junto a estos, ciertos medicamentos pueden desencadenar o empeorar los síntomas, lo que subraya la importancia de una evaluación clínica cuidada para descartar causas secundarias y evitar tratamientos inadecuados.

Cómo afecta el SPI al sueño y la vida diaria

El impacto del SPI va más allá de la molestia física. Las personas con SPI frecuentemente experimentan insomnio o sueño fragmentado, lo que se traduce en una calidad de sueño deficiente o no reparador. Suelen aparecer movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño que pueden despertar repetidamente al paciente, generando somnolencia diurna, falta de concentración, irritabilidad y un deterioro significativo del rendimiento en actividades cotidianas-

Este efecto acumulativo en la calidad de descanso se traduce en consecuencias funcionales y de salud pública, como mayor riesgo de accidentes por somnolencia, alteraciones del estado de ánimo y una peor percepción global de bienestar. El SPI también puede coexistir con otros trastornos del sueño, como la apnea del sueño o los trastornos del movimiento periódico de las extremidades durante el sueño (PLMD), que complican aún más el panorama clínico. CISNe

Diagnóstico: una construcción clínica

El diagnóstico del SPI es principalmente clínico, basado en una historia detallada de los síntomas y la exclusión de otras causas que puedan producir sensaciones o movimientos similares en las piernas. Es fundamental realizar una exploración médica completa y, cuando corresponde, una evaluación neurológica.

Aunque no existe una prueba de laboratorio específica que confirme el diagnóstico, los criterios que se utilizan en la práctica clínica incluyen:

  1. Necesidad de mover las piernas, acompañada de sensaciones desagradables

  2. Aparición o agravamiento de los síntomas con el reposo o en posiciones estáticas.

  3. Mejora con el movimiento

  4. Predominio de los síntomas en la tarde y noche

En casos seleccionados puede ser útil realizar estudios de sueño (polisomnografía) para documentar movimientos periódicos de las extremidades durante la noche, o análisis de laboratorio para descartar anemia o deficiencia de hierro.

Abordaje terapéutico: integral y personalizado

El tratamiento del SPI debe ser individualizado, considerando tanto la severidad de los síntomas como los factores que puedan exacerbar el trastorno. En la Clínica CISNe se aborda de forma coordinada entre especialistas en sueño, neurólogos y otros profesionales

Intervenciones no farmacológicas son la primera línea de acción siempre que sea posible, e incluyen:

  • Mejora de la higiene del sueño: establecer rutinas regulares, evitar estimulantes por la noche y optimizar el ambiente de descanso

  • Ejercicio físico moderado y técnicas de relajación que pueden ayudar a disminuir la intensidad de los síntomas.

  • Ajustes dietéticos y control de factores que puedan influir en niveles de hierro o dopamina cerebral.

Tratamientos farmacológicos se utilizan en los casos moderados a severos o cuando las medidas conductuales no son suficientes. Entre ellos se incluyen:

  • Agentes dopaminérgicos y fármacos como gabapentinoides (por ejemplo gabapentina o pregabalina) que han demostrado eficacia en el control de la urgencia y el malestar

  • Terapia de suplementación de hierro cuando existe déficit confirmado, ya que puede mejorar de forma significativa los síntomas en muchos pacientes.

  • En situaciones particulares, opioides de corta duración o tratamientos adyuvantes, siempre bajo supervisión médica estricta.

La elección y ajuste del tratamiento debe ser cuidadosa, ya que algunos fármacos pueden tener efectos secundarios relevantes o, en el caso de los agonistas dopaminérgicos usados de forma prolongada, provocar fenómenos de aumento de síntomas (augmentación).

Conclusión

El síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico crónico y multifactorial con un impacto significativo en el descanso nocturno y la calidad de vida. Aunque su diagnóstico se basa en criterios clínicos, su reconocimiento temprano y un enfoque terapéutico interdisciplinar son esenciales para aliviar los síntomas y mejorar el sueño y la función diurna de quienes lo padecen. La evaluación médica con especialistas en sueño, neurología y trastornos del movimiento es fundamental para establecer un diagnóstico preciso, descartar causas secundarias y diseñar un plan de tratamiento basado en evidencia que contemple tanto medidas no farmacológicas como opciones terapéuticas farmacológicas cuando sea necesario.

En la práctica clínica, un abordaje integral, personalizado y con seguimiento continuado permite a los pacientes con SPI recuperar no solo horas de sueño, sino también una mejor calidad de vida y un funcionamiento óptimo en sus actividades cotidianas.

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