Cuando pensamos en depresión y sueño, solemos imaginar a una persona que no consigue dormir. Y es cierto que el insomnio es muy frecuente en los trastornos depresivos, pero no es la única alteración posible. Algunas personas experimentan precisamente lo contrario: duermen muchas horas, tienen dificultades para levantarse y, aun así, continúan sintiéndose cansadas. En la Clínica CISNe, recordamos que dormir mucho también puede ser un síntoma que merece atención.
La hipersomnia hace referencia a una necesidad excesiva de sueño o a una somnolencia excesiva durante el día. En determinados cuadros depresivos, la persona puede prolongar considerablemente sus horas de sueño nocturno, realizar siestas frecuentes o pasar largos periodos en la cama.
Lo característico es que ese aumento del tiempo de sueño no necesariamente proporciona una sensación de descanso. Es posible dormir nueve, diez o incluso más horas y continuar experimentando cansancio, falta de energía y dificultad para iniciar las actividades cotidianas.
El sueño y el estado de ánimo comparten numerosos mecanismos cerebrales. Los sistemas que regulan los ritmos circadianos, la motivación, la energía y el sueño están estrechamente relacionados.
En la depresión pueden producirse alteraciones en estos sistemas, modificando tanto la cantidad como la estructura del sueño. Además, síntomas como la apatía, la pérdida de interés, la falta de energía o el aislamiento social pueden favorecer que la persona permanezca más tiempo en la cama.
Esto puede generar un círculo difícil de romper: cuanto menos activa es nuestra vida durante el día, más se debilitan algunas de las señales que ayudan al organismo a mantener correctamente organizado el ritmo sueño-vigilia.
Es importante evitar conclusiones precipitadas. Una necesidad excesiva de sueño también puede aparecer en otros trastornos, como la apnea obstructiva del sueño, determinados trastornos del ritmo circadiano, narcolepsia u otras hipersomnias, además de enfermedades médicas o como efecto secundario de algunos medicamentos.
Por este motivo, ante una somnolencia persistente o una necesidad de dormir claramente superior a la habitual, es importante realizar un diagnóstico diferencial adecuado.
Cuando existen síntomas depresivos y alteraciones importantes del sueño, valorar ambos problemas de manera coordinada resulta especialmente útil. Puede ser necesario revisar la medicación, evaluar el estado emocional y, en determinados pacientes, realizar un estudio de sueño para descartar otros trastornos que estén contribuyendo al cansancio.
El tratamiento puede combinar psicoterapia, tratamiento farmacológico cuando está indicado y estrategias específicas para recuperar un ritmo de sueño adecuado.
Dormir mucho no siempre significa dormir bien. Cuando el aumento del sueño se acompaña de tristeza persistente, pérdida de interés, aislamiento, falta de energía o cambios importantes en el funcionamiento habitual, es recomendable solicitar una valoración profesional.
En la Clínica CISNe, abordamos conjuntamente la salud mental y el sueño, con la participación coordinada de diferentes especialistas cuando es necesario. Porque para recuperar el bienestar no basta con contar las horas que dormimos: es fundamental comprender por qué necesitamos dormir tanto y cómo nos sentimos cuando estamos despiertos.
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